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domingo, 30 de julio de 2017

Experiencia Psico-Sinestésica

Hoy ha sido una noche rara. Una noche de esas en que la cabeza te da vueltas y no puedes dormir. Para colmo, el calor no ayuda demasiado y la sábana se pone pegajosa, y digo "la sábana" porque ni loco podría dormir con más sábanas que la que cubre el colchón con el calor que hace.
Como ya he dicho que no podía dormir, pues estaba yo muy ufano repasando varias pruebas de temas musicales que tengo grabadas en mi pequeño reproductor portátil, el cual conecto a un 5.1 que tengo puesto en la cama. Es una de tantas maneras que tengo de cerciorarme de que el sonido es el adecuado, además de haberlas oído antes por monitores, ecualizado, masterizado, etc etc...

Hay un momento en el que me levanto de la cama y me dispongo a dar cuenta de unas viandas en la cocina. Para tal menester y sin querer perder el hilo musical desconecto el 5.1 y me pongo unos casquitos Sennheiser HD-25 II que tengo para tales fines. Con estos auriculares deambulo de un lado para otro de mi casa cual zombi sin enterarme de nada, ya que estos cascos quedan muy ceñidos y aprietan bastante y a volúmenes altos no oyes absolutamente nada del exterior.

Fue entonces que teniendo la música a un volumen moderado, mas bien bajo, me entró la necesidad de ir al baño. Ni corto ni perezoso me dispuse a tal labor sin reparar en nada especial, nada más que en mi música que sonaba con sintetizadores deslizantes, drones exóticos, ritmo entrecortado, y yo estaba poniendo especial atención al drone que sonaba muy alto y había que corregirlo.
Una vez realizada la necesaria labor, me lavé cuidadosamente las manos y reparé en que el sonido del agua sonaba apagado sobre la música, atenuándose todos los agudos del ruido del chorro (el típico shiiiissshhhhh del grifo). Solo se oía un borboteo tenue que parecía venir de otro sitio que no era el grifo.

Al mismo tiempo que esto, de manera automática, el ritual siguiente de "tirar de la cadena". Y entonces... entonces fue casi una sensación alucinógena. Me di media vuelta para colgar la toalla que había dejado en el lavabo, mi música seguía sonando, lenta pero intensa, y entonces oí un ruido que me sacó de mis pensamientos. Por un momento creí que... ¡oh Dios! ¡El retrete me estaba hablando!...

Era como un lenguaje indescifrable de la más recóndita dimensión... era algo así como un...  "bloc ploc po poto potoblop blop plop" que sonaba con una entonación fantástica, como si procediera de alguien que tenía todo el conocimiento del universo a su disposición y por alguna razón había decidido transmitírmelo. Un garganta profunda universal que había encontrado en mí alguien a quien legar su tesoro místico de conocimiento, el cual transmitía de manera velada por ser un conocimiento prohibido a los mortales y del cual sólo disfrutan los dioses del más allá. Un Prometeo que me ofrecía el fuego sagrado, y yo... yo... ¡yo no pude entender nada!.

Mi música seguía sonando, ya me la sabía de memoria, daba igual, pero sonaba diferente con aquel murmullo. Me di la vuelta de nuevo y miré al fondo del abismo... y el abismo miró en mí.
Mientras, un conejo blanco evanescente parecía invitarme a seguirlo...

Fue entonces cuando con un simple gesto, con una forma bana, fácil... simple... destrocé sin miramientos la magia del conocimiento que se me había ofrecido tan generosamente.
Lentamente puse las manos en los auriculares y con un movimiento rápido los descoloqué.

De esta manera la razón se impuso de nuevo. Porque la razón es a donde tenemos que volver queramos o no queramos.

Los cascos habían atenuado los sonidos agudos y dejaban pasar unos pocos de los graves debido a que el volumen no estaba muy alto. Eso había propiciado que en un momento determinado, el sonido del retrete unido al tipo de música hipnótico que estaba probando, y unido también a una noche de calor sofocante y vigilia forzada habían hecho mella en mí, hasta tal punto que fuese capaz de imaginarme algo así por unos segundos.

Sí, unos segundos, porque lo que aquí cuento prácticamente sucedió en segundos pero deben ustedes recordar que en el mundo de los sueños hasta el mismo sueño es relativo.

Hacía tiempo que no escribía nada... tiempos un poco locos. Espero que al menos tengan una sonrisa después de leer esta increíble, mágica y sonora historia.
Por cierto, no puedo poner el tema musical porque está en preparación y es uno de los que pondré próximamente en mi primer trabajo musical.
¡Y sin tomar drogas!... a no ser que los caramelos y la cocacola sean una droga, que bien podrían serlo.